El Partido Popular, desde su refundación en 1990, decidió ser y es un partido de gobierno.

Ser un partido de gobierno guarda relación, evidentemente, con su tamaño y con su implantación en el territorio nacional, pero, sobre todo, la guarda, de manera fundamental, con su actitud política.

Ser un partido de gobierno significa tener la vista puesta en los intereses generales de los

ciudadanos más que en los intereses particulares, ya sean estos los intereses legítimos de determinados grupos económicos, profesionales, sociales y culturales, ya sean los propios intereses políticos partidarios.

Hay quien cree que los intereses generales y comunes no existen. También es evidente que algunos intereses particulares lo desean así. Desde luego no existen abstractamente, definidos a partir de un dogma o una doctrina. Pero existen, se manifiestan históricamente y se reconocen en el diálogo sincero entre los intereses reales presentes de manera concreta y explícita en nuestra sociedad.

Precisamente, una de las funciones de un partido de gobierno es señalarlos, subrayarlos y proponerlos como meta deseable a los ciudadanos mediante su conversión en propuestas globales y equilibradas para la resolución de los problemas comunes.

Ser un partido de gobierno significa haber renunciado sustancialmente a la demagogia y al sectarismo como métodos operativos para obtener réditos electorales. Para el Partido Popular, en tanto que partido, ganar unas elecciones es muy importante, pero para el Partido Popular es también importante cómo se ganan unas elecciones y para qué. El fin, a pesar del aparente éxito obtenido por maquiavelismos de diverso pelaje, sigue sin justificar los medios.

Ser un partido de gobierno significa ser un partido eficaz, atento a los hechos antes que a los discursos, más atento a la vida cotidiana de los ciudadanos, a su progreso y a su bienestar que a oír proclamas ideológicas sin concreciones prácticas. En definitiva, significa poner en su sitio a la retórica del progresismo "declarante" y hacerle un sitio al progreso real, contante y sonante.

Ser un partido de gobierno en el conjunto de España es ser un partido nacional. Ningún partido que carezca de una visión nacional de la realidad española puede asumir la responsabilidad de gobernar a todos los ciudadanos. Sólo el partido que tiene un proyecto global para toda España, para todas sus Comunidades y para todas sus Administraciones, puede gobernar estable y coherentemente.

Desde hace muchos años y, muy especialmente desde 1996, el Partido Popular ha mostrado con creces su consistencia ante el impulso disgregador de localismos y nacionalismos radicales mientras ha probado, asimismo, su apertura al diálogo con quienes apuestan lealmente por un proyecto de futuro en común en el marco de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía libremente aprobados por los ciudadanos.

 

Ser, además, un partido de gobierno es ser reconocido como tal por la mayoría de los ciudadanos. El Partido Popular es un partido de gobierno, no porque lo digamos nosotros, sino porque la sociedad española nos ve como un partido de gobierno, nos concedió la mayoría política en 1996 y nos amplió dicha mayoría en marzo de 2000.

Pero no es suficiente con ser un partido de gobierno para ser un buen partido de gobierno. Un buen partido de gobierno es el que es capaz de realizar un buen gobierno y un buen gobierno se demuestra en los hechos.

 

El Partido Popular llegó al gobierno tras ganar las elecciones democráticas en marzo de 1996. Desde entonces hasta ahora, el bienestar general de los españoles ha experimentado el avance más importante que se recuerda desde 1975:

•    Crecimiento económico por encima de la media europea de manera sostenida.

•    Crecimiento de más de 4 millones de empleos -el 80% de ellos estables-.

•    Disminución a casi la mitad de la tasa de paro, muy especialmente de paro femenino.

•    Récord absoluto de afiliaciones a la Seguridad Social.

•    Saneamiento y garantía del sistema de pensiones.

•    Reducción generalizada de los impuestos.

•    Reducción de la deuda y consolidación de una situación de equilibrio presupuestario.

•    Descenso sin precedentes de los tipos de interés hasta el 3% mientras que en 1995 estaban por encima del 10%.

•    Reformas estructurales de la economía en sentido liberalizador.

•    Diálogo social, reforma laboral y Pacto de las pensiones.

•    Diálogo político: Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, Pacto por la Justicia, Pacto de Financiación Autonómica.

•     Reforma educativa en dirección a la calidad y reforma de la formación profesional.

•     Transferencia sistemática de competencias a las Comunidades Autónomas.

•     Impulso del papel de España en los foros internacionales.

No todos los problemas se han resuelto ni siempre hemos estado acertados, pero en la actividad del gobierno del Partido Popular en España se muestra, de manera evidente, una decidida voluntad de reformar lo que no funcionaba con resultados beneficiosos para el conjunto de la sociedad española.

El Partido Popular de Andalucía es elemento sustancial de este gran partido nacional y muchos de sus hombres y mujeres han participado en calidad de protagonistas en estas dos legislaturas de gobierno desde 1996. Sólo por ello, por pertenecer a un partido nacional, coherente, consecuente, interiormente cohesionado y provisto de un liderazgo claro, ya sería el Partido Popular un partido clave para el gobierno de Andalucía.

Pero el Partido Popular de Andalucía, cuenta, además, con la experiencia de gobierno y de

gestión que aporta ser el partido del gobierno en la mayoría de las capitales andaluzas y en numerosos ayuntamientos. En otras palabras, el Partido Popular es el partido más votado por los andaluces en las grandes ciudades y en las zonas urbanas desarrolladas.

Y actualmente, sin duda alguna, no existe ninguna alternativa de cambio al margen de un triunfo electoral del Partido Popular.

La alternancia política democrática, tan

necesaria para la renovación de las personas, la innovación de las ideas y la corrección de las desviaciones y errores, sólo podrá tener lugar si el Partido Popular gana las próximas elecciones andaluzas. O lo mismo y los mismos, o más y mejor Andalucía con un gobierno del Partido Popular, cuya gestión viene anticipada por la gestión popular a nivel nacional.

 

Lejos de nosotros el creernos más anda- lucistas que nadie, más demócratas que nadie, más ejemplares que nadie, cosa que algunos llevan proclamando de sí mismos más de 20 años. Somos un partido que ha vivido largos años en la oposición y que, desde esa situación, ha aportado proyectos y trabajo a la sociedad andaluza con humildad y con perseverancia.

Hasta 1990, manteníamos nuestras ideas con un escaso número de diputados. Nunca agradeceremos bastante a los hombres y mujeres de entonces lo que hicieron por el proyecto actual del Partido Popular. En 1990, con la refundación centrista y reformista encabezada por José María Aznar, el Partido Popular de Andalucía se convirtió en pocos años, de la mano de Javier Arenas, en un partido de gobierno mientras el PSOE perdía una mayoría absoluta que ya no ha vuelto a recuperar.

En las pasadas elecciones generales, el Partido Popular ganó en cuatro provincias andaluzas y obtuvo el mayor número de diputados nacionales de su historia. En las elecciones andaluzas, con Teófila Martínez, el Partido Popular obtuvo 46 escaños, a sólo seis escaños del Partido Socialista. Tales resultados fueron consolidados por las pasadas elecciones municipales en las que el Partido Popular amplió su presencia política en las grandes ciudades andaluzas. Desde 1990, los andaluces dan un millón más de votos al Partido Popular en una trayectoria creciente y esperanzadora.

El PSOE ha dispuesto de casi 22 años de oportunidades para cambiar las circunstancias que impiden un desarrollo económico y social pujante y convergente de Andalucía y no lo ha logrado. El Partido Popular de Andalucía, sin sorpresas ni fantasías, aplicando las políticas que han dado como resultado un salto adelante sin precedentes en España, está seguro de conseguir en pocos años una mejoría comprobable de la situación andaluza. Pero para lograrlo, necesitamos que los andaluces, por vez primera, nos permitan demostrarlo dándonos su confianza mayori- taria en las próximas elecciones andaluzas del año 2004.

Estamos firmemente convencidos, y todos los andaluces han podido comprobarlo a escala nacional y municipal, que la gestión política del Partido Popular es más eficaz, más consistente, más coherente, más dialogante y más beneficiosa para la inmensa mayoría. Podemos hacer más por Andalucía y podemos hacerlo mejor. Andalucía no está condenada por el destino al subdesarrollo, a la marginación, a la dependencia o a la apatía. Hay políticas que pueden mejorar rápida y eficazmente la situación de los ciudadanos andaluces, como se ha mejorado en sólo siete años la situación de los ciudadanos españoles con las políticas del Partido Popular.