El progreso real de Andalucía se producirá por la confluencia de los esfuerzos encaminados al impulso pleno del autonomismo estatutario y constitucional, a la activación de la voluntad de convergencia económica y social con las regiones más desarrolladas de España, de Europa y del mundo, a la consolidación de una potente sociedad civil como protagonista de una estrategia permanente de reformas equilibradas y a la intensa, continua y crítica aportación cultural de unos ciudadanos andaluces liberados de dependencias interesadas o partidistas y conscientes del valor de la cultura para el enriquecimiento propio y de la cultura española.

Progreso real para Andalucía no es una entelequia, un eslogan o una fábula. Progreso real andaluz significa estar entre las primeras regiones de España y de Europa en renta y producción, alcanzar el pleno empleo, potenciar la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos hayan nacido donde hayan nacido y vivan donde vivan, disponer de servicios de calidad homologables al del resto de España y, muy especialmente, afrontar decididamente la modernización de nuestro mundo rural, abandonado a su suerte desde hace más de veinte años.

La autonomía andaluza, lejos de concebirse como un instrumento partidista o sectario con el fin de debilitar al gobierno de la Nación o de confrontarse sistemáticamente con él, sea cual fuere su signo político, debe promoverse como elemento imprescindible de cooperación con las demás comunidades autónomas de España y como modo particular de expresión de nuestra identidad común española.

El impulso de la autonomía andaluza no puede detenerse en las estructuras políticas y administrativas de la Junta de Andalucía sino que, tal y como se expresa en la Constitución y en el Estatuto de Andalucía, la descentralización comenzada en 1978 debe continuar hasta lograr el equilibrio estable de competencias, recursos y gestión que permita a los municipios andaluces cumplir lo más efectivamente posible con el principio de igualdad de oportunidades y a las comarcas y provincias andaluzas corregir los desequilibrios presentes.

Andalucía, siendo una de las más importantes comunidades autónomas españolas por número de habitantes, por extensión y por su definida personalidad, lleva más de un siglo a la cola de las regiones de España y ha sufrido y sufre las consecuencias de injustos abandonos y fracasos estrepitosos de persistentes políticas inadecuadas. Que Andalucía siga en el puesto 16, el penúltimo, de las regiones españolas no es un juicio de valor, sino, lamentablemente, una cuestión de hecho, motivo de escándalo político.

En los primeros años del siglo XXI, la convergencia económica y social real tiene que ser el objetivo esencial de la autonomía andaluza en el marco constitucional ya que sólo un programa práctico y concreto de convergencia logrará la identificación entre Autonomía y bienestar general que aún no se ha conseguido después de dos décadas de Estatuto. Esta convergencia real, concreta, práctica y contrastable –en riqueza, en renta personal y familiar, en empleo y, en general, en el avance urgente en todos los indicadores fundamentales de bienestar social–, no se limita al conjunto de Andalucía en comparación con otras regiones de Europa y el mundo.

También debe conseguirse tal convergencia entre las provincias y comarcas andaluzas que, tras más de dos décadas de gobiernos socialistas, siguen desigualmente desarrolladas estando algunas zonas amenazadas con verse fuera de los rumbos actuales del progreso tecnológico, económico, social y cultural.

Frente a la obsesión de un PSOE convertido en freno para el desarrollo andaluz por su afán intervencionista y favorable a un sector público ruinoso y letal para la autonomía emprendedora, el Partido Popular se esforzará en promover el protagonismo de la sociedad andaluza convencido de que gobernar es, sobre todo, hacer que afloren las libres iniciativas ciudadanas en los más diferentes campos de actividad con el apoyo de la Junta de Andalucía, las Diputaciones o los Ayuntamientos, entre sí coordinados.

La sociedad andaluza sólo puede adquirir protagonismo y relevancia en el quehacer autonómico y en el futuro en común nacional y europeo si combina el espíritu empresarial y emprendedor, animador de iniciativas económicas, sociales y culturales, con el más amplio impulso de la educación, de la formación, de la investigación científica y tecnológica y de la cultura en un marco estable, vertebrador y equilibrado de diálogo intrarregional que permita identificar objetivos comunes y metas compartidas.

Los andaluces, conscientes de ser una de las regiones europeas con más intensa y propia personalidad cultural, debemos evitar ser seducidos por retóricas injustificadas de supuestos agravios comparativos o de históricos “quejíos”, para afirmar con voluntad, con decisión y con hechos contundentes, la extraordinaria dimensión de nuestra potencialidad creadora y creativa en el ámbito cultural, lejos de estrategias sutiles que pretenden cobijar todas las iniciativas bajo el manto protector de subvenciones sectarias que terminan por disipar toda auténtica aportación.

No basta sólo la defensa y conservación de nuestro rico patrimonio sino favorecer el despliegue de nuestras mejores posibilidades de acción cultural en el mundo tecnológico que vivimos.

Todo ello, debe insertarse en una decidida estrategia social de confianza en nosotros mismos, en nuestras propias posibilidades, superando pesimismos históricos y complejos del pasado, afianzando nuestra autoestima y optimizando los niveles actuales de capacitación humana y recursos sociales y económicos.