En los primeros años de su autogobierno, Andalucía ha realizado un esfuerzo enorme para proveerse de las infraestructuras productivas de las que carecía por el abandono secular y la falta de inversiones que venia padeciendo. La apuesta socialista por la formación de los recursos humanos andaluces, el aprovechamiento de los fondos económicos para el desarrollo de nuestra región que han venido de la U.E y el empeño de muchos andaluces y andaluzas en mejorar y modernizar distintos sectores de nuestra economía se ha traducido en un satisfactorio nivel de convergencia con las demás regiones de España a las que envidiábamos hace un par de décadas.

El diálogo social ha sido una seña de identidad de la política económica del gobierno andaluz, así como la voluntad sostenida de invertir para generar empleo y modernizar nuestro tejido productivo. 

Aunque en los últimos ocho años el gobierno conservador de España se ha desentendido de nuestros proyectos y necesidades, hemos podido seguir creciendo por encima de la media española, y generando más empleo que el conjunto del país, de forma que Andalucía ha seguido recortando distancias. Hoy los retos deben ser más ambiciosos. Queremos que Andalucía convierta su potencial demográfico y sus grandes recursos en más riqueza y empleo de calidad para todos y todas, consolidando un modélico sistema de bienestar social. En nuestro proyecto de segunda modernización, queremos situar a nuestra tierra entre las sociedades más avanzadas en lo social y en lo económico de Europa. 

Por eso vamos a crecer en la Sociedad de la Información, para que Andalucía no vuelva a descolgarse de ninguno de los procesos de cambio y avance que experimenta la economía global. 

 

El círculo vicioso del desarrollo económico

La nueva Sociedad de la Información tiene como centro del sistema el conocimiento y este radica en exclusiva en las personas, de ahí que si queremos conseguir investigación de excelencia, innovación, capacidad emprendedora para generar una nueva economía más productiva y que genere más bienestar a la colectividad, incluso si queremos conseguir más felicidad individual o colectiva, es imprescindible actuar sobre el elemento clave, base de todos los demás: la educación y la formación de todas las mujeres y hombres de nuestra tierra. Una educación basada en sólidos valores éticos y democráticos, con una formación integral que permita autonomía de pensamiento y capacidad de aprender a lo largo de toda la vida. La educación en la Sociedad de la Información tiene que tener como objetivo el desarrollo de las capacidades propias del ser humano y, al mismo tiempo, poder cubrir las exigencias del tejido productivo.

La educación y la formación, sobre todo en los niveles de la Formación Profesional y Universitaria, en modo alguno es un gasto, sino una inversión altamente rentable, que se plasma en una mejor investigación científica y tecnológica, que debe estar conectada con las necesidades productivas actuales y de futuro, para generar innovación y a través de ésta, un tejido productivo más denso, diversificado y competitivo. 

Una educación integral de calidad que desarrolle todas las capacidades de la población y cubra las exigencias del tejido productivo.

La educación de calidad no es solamente un derecho fundamental de las personas y la base de su desarrollo personal. En una sociedad avanzada como la andaluza, la educación es además un instrumento clave para el crecimiento económico, la cohesión social, el fortalecimiento de la democracia y la igualdad de oportunidades, de ahí que deba ser la prioridad de nuestra acción de gobierno. La gran fuerza de Andalucía son sus recursos humanos. Invertir en ellos es invertir en desarrollo económico y social.