Andalucía es la Comunidad Autónoma más extensa y poblada de España. Su medio rural constituye un patrimonio agrícola, forestal, paisajístico y cultural difícilmente comparable con ningún otro.

La variedad de su territorio (litoral, vegas, zonas montañosas y parajes protegidos) produce una disparidad de circunstancias sociales y económicas pero con potencialidades importantes y aún por desarrollar en buena parte.

La riqueza agrícola de muchas zonas andaluzas hace posible núcleos de poblaciones rurales cuyos habitantes disfrutan de equipamientos básicos de aceptable nivel, pero en otras zonas, sin embargo, cuya actividad agraria no es tan productiva, sus habitantes desean una alternativa, para sí mismos y las futuras generaciones, diferente a la realidad que conocen, con variedad de oferta de empleo, cultura y ocio.

Así pues, el éxodo del campo hacia la ciudad es imparable y cada día se registran nuevos abandonos de personas hacia núcleos de población mayores, tendencia que, en el caso de la población joven, es muy acusada.

Esta sangría poblacional condena a muchos pueblos andaluces a desaparecer a la vuelta de pocos años y con ello perderemos no sólo parte de nuestro patrimonio cultural y urbanístico sino también el descuido de la tierra con mayúsculas.

Pero no es este el único daño que se produce. Las ciudades importantes y localidades costeras deben tener, a su vez, un tamaño adecuado que permita mantener servicios y calidad de vida, difíciles de asegurar con la avalancha de nuevos habitantes de los últimos años, no sólo por esta emigración rural sino, y muy especialmente, con la emigración foránea que con fuerza está empezando a llegar. Todo ello debe llevar a reflexionar sobre la necesidad de repartir la población en el territorio de manera equilibrada, y no al revés.

El interés por un medio rural vivo y productivo, atractivo en definitiva, es, además, una necesidad estratégica para nuestra Comunidad Autónoma. En primer lugar, por la necesidad de mantener el sistema de producción de alimentos como sector estratégico, y en segundo lugar, porque preservar la flora y fauna autóctona, así como el paisaje y la arquitectura es una necesidad, ya que estos elementos y su mantenimiento son un buen termómetro donde se marca el nivel de desarrollo y calidad de vida de una región.

La agricultura y los fondos europeos inherentes a la misma son la principal fuente de actividad económica del mundo rural, pero no son suficientes para atraer y fijar población. No se debe, como ha ocurrido tradicionalmente, realizar un enfoque meramente sectorial y ofrecer un agregado de todas las actuaciones y fondos que cada departamento del Gobierno realiza en una comarca.

Las nuevas tendencias en las políticas europeas fomentan la elaboración de planes integrados para la elaboración de estrategias que den coherencia a las actuaciones estratégicas. La planificación y coordinación entre diferentes departamentos consigue sacar el máximo partido a los fondos públi cos invertidos para explotar las potencialidades de un territorio.

Es precisamente esta falta de coordinación y planificación en políticas activas de fomento en el territorio lo que ha impedido que Andalucía se aproxime a la media de la Unión Europea en términos de renta. No debemos olvidar que hay Consejerías del Gobierno del PSOE que se han congratulado de mantener la condición de región de Objetivo 1.

La politización oportunista de las medidas, la cicatería presupuestaria para habilitar fondos propios de la Comunidad Autónoma que complementen los fondos europeos, la buro- cratización excesiva y desalentadora para el administrado y el deficiente funcionamiento de las instituciones que gobiernan, hacen muy difícil establecer bases sólidas que permitan el desarrollo.

El Partido Socialista sabe perfectamente que el progreso real resta votos a su causa y por eso mantiene un férreo control sobre la distribución de los fondos, primando actuaciones electoralistas a corto plazo, frente a otras que puedan permitir el desarrollo económico e industrial, que hace menos necesaria la presencia y tutela de las administraciones públicas.

 

A modo de ejemplo que ilustre esta afirmación, se puede citar la deficiente situación de la red andaluza de carreteras, el inadmisible estado de los miles de kilómetros de caminos rurales, el retraso y escasa dotación de fondos para el Plan Nacional de Regadíos, el sectarismo en facilitar financiación para empresas que quieran instalarse en el medio rural, la falta de rigor en los planes de formación o las carencias del sistema público de educación fuera de los grandes núcleos de población.

Tras 25 años de mantenimiento del PER, el Gobierno Socialista no ha conseguido mejorar las expectativas de la juventud rural en la búsqueda de empleo. Mucha de la juventud nacida en las comarcas más desfavorecidas aspira a tener la edad suficiente para incorporarse al régimen del subsidio, sin otros horizontes laborales más ambiciosos porque no tiene formación adecuada y está en inferioridad de condiciones frente a jóvenes de otras comunidades autónomas. Esta es una de las razones por las que las empresas encuentran dificultades para instalarse en muchas zonas rurales, al no encontrar mano de obra cualificada.

El Partido Popular de Andalucía tiene la plena convicción de que todos los esfuerzos que se dediquen a impulsar el medio rural serán los más rentables desde todos los puntos de vista. Nuestro ideario político no contempla que puedan existir ciudadanos de primera o de segunda, dependiendo del lugar donde vivan. La nueva concepción de la política agraria y rural europea abre un sinfín de posibilidades para nuestro medio rural que no podemos dejar pasar y estamos convencidos de que, en un futuro, se conseguirá que este medio rural esté en disposición de convertirse en un motor importante del conjunto de nuestra Comunidad Autónoma.

Mujeres y jóvenes deben ser protagonista principales en las políticas que se implanten el medio rural. Las primeras porque el futuro del medio rural depende de la voluntad colectiva de las mujeres por elegir o permanecer con su familia en este modo de vida y, los segundos porque son el futuro y garantía de este medio si encuentran el atractivo suficiente para no abandonarlo.

Como consecuencia de la aplicación de la nueva PAC, los fondos dedicados al desarrollo rural van a incrementarse notablemente, siempre, eso sí, que la Comunidad Autónoma haga el esfuerzo presupuestarlo para cofinanciar los nuevos ingresos y elabore una estrategia a medio plazo para rentabilizarlos social y económicamente.