En los próximos años, el reto y las oportunidades de futuro de nuestra Comunidad estarán basados en su capacidad para acelerar el proceso de convergencia real con las demás regiones de España y la Unión Europea, rompiendo la tendencia que viene manteniendo hasta ahora.

La estrategia pasa irremediablemente por aumentar la creación de nuevas empresas y facilitar e incentivar el desarrollo de la actividad productiva, ayudando a consolidar nuestras PYMES en los primeros años de funcionamiento.

La empresa debe ser la piedra angular de la economía, principal motor de riqueza y empleo. Un entorno empresarial que refuerce los incentivos para producir, para crear empresas, para innovar y para afrontar riesgos, contribuye al crecimiento de los ingresos y las oportunidades de empleo; en cambio, las reglamentaciones farragosas, los mercados ineficaces y los obstáculos administrativos, así como las actitudes negativas ante el riesgo y el espíritu empresarial, perjudican al dinamismo empresarial y, sobre todo, socavan el progreso.

En los próximos años, los cambios en nuestro entorno harán necesario que nuestra Comunidad adopte los siguientes comportamientos de la mano del Gobierno del Partido Popular de Andalucía:

• En la sociedad del conocimiento, es determinante la rapidez y la capacidad de adaptación de las personas y los territorios, pues la globalización ensancha las oportunidades de los más preparados pero también amenaza a quien no se poner a la altura de las exigencias del entorno. Por tanto, es preciso que Andalucía adopte los principios de creación del conocimiento y de aprendizaje continuo comportándose como una sociedad inteligente, creativa e innovadora. 

Andalucía debe incrementar la capacidad de aprender de su propia interacción con el entorno, desarrollar la capacidad de autoevaluación, de cambiar patrones de conductas, ya que, en un entorno turbulento, la repetición de las prácticas del pasado, la rutina, sólo puede garantizar el fracaso.

Andalucía debe reconstruir estructuras obsoletas, renovar recursos agotados, recuperar instituciones vencidas, revitalizar habilidades y replantear conocimientos inadecuados.

• Los andaluces tenemos que anticiparnos al futuro liderando propuestas y aprovechando todas las oportunidades que los nuevos tiempos nos ofrecen, por lo que el

modelo social y económico andaluz deberá ser creativo, abierto y avanzado, competitivo y sostenible, innovador y solidario, equilibrado y vertebrador de nuestro territorio. Un modelo de desarrollo desde nuestra capacidad de autogobierno, integrado, leal y eficazmente, en España y en la nueva Unión Europea. 

Y todo ello sobre el fundamento de que una sociedad abierta que avanza y que puede ser cada vez más competitiva debe ser también cada vez más justa en los valores que sustentan la acción política de centro que defendemos desde el Partido Popular de Andalucía: la dignidad de la persona, la libertad y la responsabilidad, la solidaridad y la justicia social.

•     La libertad, que ha sido clave en la consolidación del sistema democrático, de nuestra autonomía y de nuestro autogobierno, es también un bien sobre el que sustentar el sistema económico, lejos de fracasados intervensionismo y estructuras obsoletas.

La libertad es soporte de la competencia e impulsora de iniciativas, empresas y actividades emprendedoras y de la modernización de la sociedad del bienestar. Una sociedad abierta y avanzada significa más libertad para elegir, para invertir, para crear y para innovar.

El mundo se ha hecho más pequeño y hoy la sociedad nos exige responder al fenómeno de la globalización, a la desigualdad entre los países ricos y pobres, a la inmigración. La política económica en una sociedad abierta tiene que dar respuesta a los problemas de cada territorio, de nuestra Comunidad, pero tiene que tener puesta su mirada en los problemas globales.

•     En una sociedad abierta es necesario que la confianza fructifique a partir de la estabilidad económica y de la prosperidad.

La confianza es un elemento fundamental para conformar un modelo económico y social propio, tan estable como flexible, que dé respuestas a las metas colectivas y a las expectativas de mejora de la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos andaluces.

En una sociedad moderna y abierta, la confianza requiere que los ciudadanos perciban cada día el buen funcionamiento de las instituciones democráticas, la gestión eficaz de los asuntos públicos, el progreso social y el liderazgo político. Pero sobre todo la confianza se basa en la solidez de un sistema económico competitivo.

La estabilidad y el progreso económico es el que proporciona oportunidades de empleo y de crecimiento, el que permite que las empresas se conviertan en los principales agentes activos de la revitalización económica y social, que los ciudadanos emprendedores tomen conciencia de las oportunidades que ofrece una sociedad más abierta y más moderna.

• No debemos olvidar que la otra cara de la moneda de la sociedad abierta y avanzada es la buena gestión de los asuntos públicos. El buen Gobierno es una condición para la estabilidad y la confianza. Avanzar en el desarrollo de los recursos, servicios e infraestructuras públicas, es la base de una sociedad justa y solidaria.

Desde el Partido Popular de Andalucía proponemos que la sociedad abierta y avanzada que queremos se construya cada día a partir de cada ser humano, de su libertad y de su responsabilidad, de las organizaciones sociales libres y de sus redes e interdependencias, del protagonismo de la sociedad civil.

Las personas, los agentes sociales y el tejido de instituciones y organizaciones sociales andaluzas tienen el derecho y el deber de tomar parte activa en la construcción de una sociedad abierta y avanzada.

Una sociedad que pone en valor las ideas, el trabajo y el esfuerzo colectivo movilizará a la sociedad andaluza hacia un nuevo proyecto de futuro,

hacia una sociedad más próspera, con más oportunidades y con más confianza en sí misma.

La cultura, la creatividad y la idea desempeñan un papel predominante en el crecimiento económico. El capital intelectual es el principal activo de la sociedad del conocimiento y de las empresas innovadoras del tercer milenio.

La Comunidad Andaluza debe confiar más que nunca en sus capacidades económicas pero también en las capacidades de sus gentes, de sus ideas, de sus trabajos y sus esfuerzos colectivos.

Estas capacidades deben desarrollarse con la mirada puesta en una Unión Europea ampliada, que en poco tiempo supondrá una unión económica de veinticinco países con una moneda única, sin fronteras que limiten la libre circulación de productos, capitales y, también de personas.

Una sociedad más abierta al mundo que nos permita crecer más y crear más y mejor empleo para alcanzar los mismos niveles de renta, de empleo y de bienestar que Europa. Se trata en definitiva, de homologarnos con las regiones más desarrolladas en servicios sanitarios, educativos, empleo, infraestructuras, tecnologías, investigación y calidad de vida.

Pero estos niveles de servicios y bienestar sólo pueden alcanzarse generando riqueza, a partir de una sólida base económica y de un tejido productivo más moderno y competitivo.

La Constitución Española determina que los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica, así como que habrán de orientar especialmente su política hacia el pleno empleo.

Por su parte, el Estatuto de Autonomía para Andalucía obliga al Gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía a una gestión que consiga la superación de los desequilibrios económicos, sociales y culturales entre las distintas áreas territoriales de Andalucía, fomentando su recíproca solidaridad.

Pese a ello, tras veintidós años de Gobiernos socialistas en Andalucía, el análisis de la situación económica regional nos muestra una realidad muy lejana del mandato estatutario.

Podemos afirmar, y así lo demuestra el estudio de los últimos Informes Económicos publicados, que el camino que se ha seguido hasta aquí constata la abundancia de contradicciones, en medio de repentinos cambios y bruscos virajes a la hora de definir una política económica en la que aparecen instrumentos que, en lugar de estar en concordancia con unos determinados objetivos, parecen elegidos con independencia de la realidad económica de Andalucía y de los fines que se afirman perseguir.

El Gobierno de Andalucía ha carecido y carece de una estrategia económica y política propia. Su planificación ha sido frustrante, no aporta nada nuevo, ya que se ha configurado básicamente sobre la suma de planes y programas en un injustificado escenario de autocomplacencia. 

•     Una estructura productiva dispersa, con elevado peso del sector de la construcción en unas zonas y del sector primario en otras, en contraste con una industria muy concentrada que participa muy poco en la generación del Valor Añadido Bruto (VAB).

•     Un fuerte desequilibrio en el mercado de trabajo, que se manifiesta en un diferencial de paro importante con respecto a España y la UE.

•     Una desigual cualificación de los recursos humanos en los distintos territorios que componen el mapa autonómico.

•     Una insuficiente dotación de infraestructuras y equipamientos básicos que hacen que el territorio tienda a polarizarse en torno a determinados ejes, acentuando con ello los desequilibrios espaciales que impiden un desarrollo armónico de la Comunidad Autónoma.

Los parámetros económicos ponen de manifiesto una preocupante tendencia hacia el desequilibrio territorial de Andalucía. La economía andaluza crece pero no avanza, situación que de mantenerse va a consolidar una realidad en la que las zonas pobres sean cada vez más pobres y las ricas cada vez más ricas.

Desde la perspectiva del empleo, Andalucía se sitúa a la cola de España en avance hacia el pleno empleo. Con una tasa de paro del 18,70 por ciento en el tercer trimestre de 2003 la Comunidad andaluza es la que más se aleja del objetivo europeo del pleno empleo adquirido en la Cumbre de Lisboa en marzo de 2000 y fijado por España en el 5 por ciento.

Desde el punto de vista territorial, predominan espacialmente las áreas menos favorecidas al no constituirse una trama territorial que articule adecuadamente el desarrollo económico en ejes y no consolidarse los centros urbanos como focos con capacidad de difundir y aproximar sus efectos positivos al resto del territorio.

 

•     El litoral mediterráneo, aunque con insuficiencias estructurales, presenta cierta continuidad positiva y una centralidad diversificada desde Algeciras al Levante almeriense. Pese al despegue del litoral oriental, Almería y Málaga, dos de las provincias españolas con mayor crecimiento, cuatro provincias andaluzas siguen entre las cinco más pobres del país.

•     A pesar del fuerte tirón de la costa, siete provincias andaluzas se encuentran entre las once españolas con un menor nivel de renta. Tres de ellas, Huelva, Málaga y Sevilla, con una media de 8.225 y 8.800 euros por habitante, mientras que Córdoba, Cádiz, Granada y Jaén, tienen rentas inferiores a los 8.225 euros por habitante. Las ocho ciudades de más de 50.000 habitantes más pobres de España son andaluzas.

•     Por otro lado, el triángulo Huelva-Sevilla- Bahía de Cádiz, sigue teniendo la mayor concentración poblacional y productiva regional. El generalizado retroceso industrial se compensa, en parte, por la potenciación de actividades de servicios (turismo fundamentalmente) y el mantenimiento o desarrollo de ciertas orientaciones agrarias (arrozal, fresa y flor cortada). Sin embargo, no se ha producido un giro suficiente en la base económica acorde con la nueva economía globalizada.

En cuanto al bienestar social, aunque son notables las mejoras, aparecen nuevos aspectos negativos.

Los ámbitos rurales más despoblados y periféricos aparecen como reductos de atraso y faltos de equidad en determinadas prestaciones y servicios imprescindibles para la igualdad de oportunidades.

En los espacios de mayor dinamismo, en cambio, han aparecido nuevos dualismos sociales entre grupos más establecidos, de una parte, y de otra, jóvenes desempleadas, población marginada e inmigrantes, produciendo conflictos que empiezan a reiterarse con una frecuencia inquietante.

Esta divergencia interna no facilita la consecución de la convergencia externa.

 

Andalucía es una tierra insuficientemente desarrollada, alejada de los valores medios de España y de la UE en términos de renta per-cápita. Es la penúltima región española en la convergencia con Europa y ello consolida su situación de atraso relativo. Andalucía todavía se mantiene entre las tres regiones más pobres de España.

 

La distancia entre Andalucía y las regiones más ricas se incrementa. De tal forma:

A) Según el Balance Económico Regional realizado por la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS):

• La evolución real del Producto Interior Bruto (PIB) y el empleo provincial entre 1995-2002 pone de manifiesto que son dos provincias andaluzas, Málaga y Almería, las que lideran el crecimiento económico así como el empleo en el quinquenio de referencia.

 

Sin embargo, la evolución del empleo tiene su reflejo menos positivo en las provincias de Córdoba, Sevilla, Jaén y Cádiz. De esta forma, siete provincias andaluzas, la excepción es Almería, permanecen entre las diez con mayor tasa de paro en el total nacional.

•     En lo referente a Renta Familiar Bruta medida en términos de poder de compra de 2002, cinco provincias andaluzas se encuentran en los últimos puestos del ranking nacional: Jaén, con un 71,69% sobre un índice 100 de media por habitante, Cádiz, con el 73,96%, Córdoba, 76,20%, Sevilla, 77,41%, Granada, 77,46%, y Huelva, 83,26%.

B) Según el Anuario Económico de la Caixa 2003:

 

•     La renta familiar media andaluza (entre 8.225 y 8.800 euros por habitante) apenas supone el 65% de las regiones con mayor nivel económico de España. Andalucía es un 52% inferior a las regiones más ricas (Navarra y País Vasco) y alrededor de un 19% más baja que la media española.

 

•     Al mismo tiempo, también se incrementa la brecha en el interior de Andalucía, donde la renta del municipio de más de 50.000 habitantes con más riqueza (la capital almeriense) supera entre un46 y 51% al más pobre, Sanlúcar de Barrameda.

 

• Por otra parte, la Comunidad de Andalucía se encuentra entre las regiones peor valoradas por el anuario 2003 de La Caixa en su índice sintético, donde obtiene los siguientes resultados:

-     La penúltima región de España en renta. Puntuación 2 (Con Extremadura).

-     La última región de España en índice de empleo. Puntuación 3.

-     La última región de España en condiciones de trabajo. Puntuación 3.

-     La última región de España en índice de bienestar social. Puntuación 3 (Con Castilla-La Mancha y Extremadura).

-     La octava región de España en accesibilidad económica y seguridad vial. Puntuación 6 (Con Galicia).

-     La decimotercera región de España en índice de vivienda y equipamiento hogar. Puntuación 5 (Con Castilla y León).

-     La última región de España en nivel educativo. Puntuación 4.

-     La penúltima región de España en oferta cultural y de ocio. Puntuación 3.

Así las cosas, la economía andaluza tardará más de 50 años en alcanzar la media de la Unión Europea de los 15 (UE-15), y eso contando con que Andalucía participe en el mismo grado, lo que es improbable, del cambio tecnológico que se avecina y que éste no se centre exclusivamente en las economías avanzadas de la UE.

Esta situación no mejora si comparamos la economía andaluza con la de las restantes regiones que componen el mapa español. En su camino de convergencia real con el resto de España, la econo mía andaluza va más de 30 años atrasada con respecto al promedio nacional.

 

Andalucía converge tan poco con Europa y con España debido fundamentalmente a seis factores:

1.    La persistencia del diferencial en la tasa de desempleo (7 puntos con respecto a España y 10 con respecto a la UE).

2.    La Economía andaluza muestra una gran disparidad con la UE en productividad por ocupado. No así la española.

3.    Su baja Tasa de Actividad, cociente entre población activa (empleados más desempleados que buscan trabajo) y la de 16 o más años, con respecto a España).

4.    El reducido peso de las empresas dedicadas a la exportación.

5.    El limitado protagonismo de la innovación en el sector productivo andaluz.

6.    La debilidad de nuestra estructura productiva, basada en un excesivo peso relativo del turismo y la construcción que hacen especialmente sensible nuestra economía, de manera que las fases alcistas del ciclo Andalucía crece más que la media nacional mientras que durante las recesiones, el ajuste de la actividad suele ser más grave.

En definitiva, si se mantiene la política llevada a cabo hasta ahora por los sucesivos Gobiernos socialistas en Andalucía, puede predecirse que las diferencias existentes tenderán a mantenerse y aún a ensancharse.